Decorar la mesa: nociones básicas
En la mesa se pone sólo aquello que vayamos a utilizar. No es lugar para exponer la cubertería maravillosa heredada de la abuela, que incluso tiene pinzas para caracoles, si lo que vamos a servir es un solomillo de cerdo. Bien está que la utilicemos, como lo hacemos con la cristalería de las mil copas o la vajilla de boda: pero sólo se ponen aquellas piezas que sean necesarias. Los detalles decorativos son otra historia.
Lo más clásico son los centros de flores, pero no son menos habituales las velas (¡ojo! candelabros y velas, sólo en las cenas), los objetos de cerámica, cristal o plata. En la sabia mezcla de estos elementos, que no por sencillos son menos efectivos, está el acierto. Preparar piezas de cerámica o cristal con flores es una opción tan válida, como intercalar -en una mesa de ciertas dimensiones- objetos de plata con candelabros o centros con velas.
Sólo hay que tener en cuenta un par de detalles:
-si las flores son frescas no deben oler: su aroma interfiere y enmascara el de la comida
-si montamos un centro sobre alguna pieza especial -cerámica, cristal, barro- debe tener poca altura: si no, no veremos las caras de quienes tenemos enfrente
-las flores artificiales no son una buena opción: en todo caso -por ejemplo, si hay mucho alérgico suelto- se pueden utilizar flores secas, frutos secos o planta pequeña. Hoy en día, las floristerías preparan ya verdaderas maravillas
-si en vez de flores, preferimos poner fruta fresca, nunca lo haremos directamente sobre el mantel: mejor en recipientes, platos o piezas. O sobre hoja verde de base.
-si en vez de flores, preferimos poner fruta fresca, nunca lo haremos directamente sobre el mantel: mejor en recipientes, platos o piezas. O sobre hoja verde de base.